Las vidas vacías (SPN 482)

En el momento actual, mientras el fenómeno del botellón se ha convertido en tema controvertido, debemos considerar no sólo los problemas que resultan del botellón mismo sino también la aflicción de la cual el botellón es mero síntoma. En vez de preguntarse por qué no está prohibida esta costumbre vulgar, los mayores deben preguntarse por qué en primer lugar sus hijos se han acostumbrado a celebrarla. ¿Por qué ocupa el alcohol un espacio tan central en la cultura popular, y por qué se demuestra esta predilección de manera tan pública, tan sucia, tan ruidosa? Es seguro que la economía juega un papel, ya que es bastante más barato emborracharse con una botella en la calle que hacerlo copa tras copa en un bar. Pero ¿por qué hay que emborracharse? ¿No ven los jóvenes nada más para pasar el tiempo libre que les proporciona ampliamente el desempleo? Me trae a la mente El triunfo de Baco de Velázquez: Baco, dios grecorromano del vino, rodeado por borrachos, corona a uno de ellos con hojas de hiedra. Mientras que la mirada del dios está apartada y distante, las sonrisas grotescas de los hombres nos miran directamente, como preguntándonos, “¿Y qué más da? ¿Qué más nos ofrece la vida?” Según lo veo yo, el verdadero problema del botellón no es la basura ni el ruido ni el alcohol mismo, sino el vacío que intenta llenar esta generación con beber. O quizás mejor dicho, los vacíos: aquellos huecos económicos, culturales y espirituales que amenaza con sumergir las lanchas de nuestras almas en un mar de apatía. Debemos hacer más que sacar agua botellas si queremos mantenernos a flote.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *